Control de esfínteres
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“Dejar los pañales” es un hito importante en el desarrollo de niñas y niños. Se da entre los 2 y los 4 años de edad. No ocurre de un día para el otro ni de la misma manera en todos los niños. Se trata de un proceso madurativo y no de un aprendizaje, en el que intervienen aspectos neurológicos, emocionales y sociales. Por eso, más que una meta con determinada fecha, es un camino que cada niño o niña recorre a su propio ritmo.
Suelen controlar primero el pis y luego la caca, primero de día y luego de noche. Pero no hay reglas fijas en cuanto a los tiempos y la forma de dejar los pañales. Si bien durante el verano suele ser más cómodo por la ropa liviana, se puede iniciar en cualquier época del año.
Como muchas cuestiones actitudinales que tienen que ver con procesos madurativos, la imitación y el ejemplo juega un rol importante. Así como el hecho de tener hermanos mayores o concurrir al jardín puede acelerar el proceso, situaciones estresantes (pérdidas de familiares, separación parental, nuevo embarazo, nuevo hermano o mudanza), pueden retrasarlo.
Existen diferentes etapas en este proceso, que podemos reconocer para acompañar desde una mirada respetuosa:
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En general, primero hacen pis y caca sin mostrar interés por el control
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En una segunda etapa comienzan a avisar cuando ya hicieron en el pañal.
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Posteriormente avisan mientras están haciendo, pero no llegan a retener.
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Finalmente, ellos sienten que tienen ganas, avisan y llegan a tiempo al baño sin que se les escape. Lo cual implica poder esperar. (Aprender a retener y expulsar teniendo registro y control de ello).
Si bien los cuidadores debemos respetar los tiempos de cada niño, es importante estar presentes y atentos a ciertas señales que nos indican que puede estar preparado para iniciar el control de esfínteres, y alentarlos a transitar este proceso con entusiasmo (felicitar los pequeños logros, por ejemplo que avise que hizo pis aunque todavía no llegue al baño).
Señales de que está preparado:
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Permanece seco durante períodos más prolongados
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Reconoce cuando está mojado o sucio
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Puede avisar que tiene ganas de hacer pis o caca
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Muestra interés por el baño o por imitar a adultos
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Tiene cierta autonomía para bajarse y subirse la ropa
Como adultos, debemos acompañar sin presionar ni forzar el proceso.
El pañal lo deja el niño, no lo sacan los cuidadores. Forzar esta transición puede generar angustia, resistencia o retroceso.
Como todo proceso, tiene tiempos y errores también, es por esto que el uso de castigos, retos o burlas no solo no acelera el aprendizaje, sino que puede generar inseguridad, vergüenza y dificultades posteriores.
Algunos niños pueden expresar miedo al inodoro o la pelela, miedo a que les duela o miedo a separarse de su caca. En estos casos se aconseja no apurarlos ni tener expectativas altas.
Podemos fomentar que jueguen con arena y/o barro, amasados con masa o plastilinas no tóxicas, juegos con agua, haciendo trasvasados con recipientes, etc. Los ayuda en el proceso. Lo mismo que participar del momento de tirar la materia fecal que está en el pañal al inodoro y apretar el botón de desagote.
Entendiendo que cada niño o niña tiene su propio ritmo, es importante destacar que los jardines o instituciones no deben exigir el control de esfínteres como condición de ingreso. El respeto por los tiempos madurativos es un derecho de los niños y niñas.
Cada familia vivirá este proceso de una manera única, particular, con propios hábitos, rutinas, creencias y propia historia. El desafío de los padres es cuidarlos, acompañarlos y respetar los tiempos y las señales de cada chico como seres únicos que viven nuevas experiencias.