Consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias de 13 a 18 años
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El consumo de sustancias, tanto legales como ilegales constituye un problema creciente.
Como dato relevante debemos remarcar que ha habido un incremento del consumo de alcohol y la reducción progresiva de la edad de inicio. Este consumo intensivo de alcohol es sin dudas, uno de los cambios socioculturales que reflejan las modificaciones del estilo de vida de los adolescentes surgidos en las últimas décadas
La edad de inicio en el consumo de bebidas alcohólicas es de 13 años, de bebidas energizantes de 12 años y de tabaco y marihuana de 14 años, según datos del Séptimo estudio nacional sobre consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes de enseñanza secundaria (Observatorio Argentino de Drogas 2025), realizado en estudiantes de Enseñanza Media de 13 a 17 años, en escuelas de gestión privada y pública de todo el país. El mayor consumo se registra entre los 16 y 17 años.
La sustancia psicoactiva de mayor consumo es el alcoho con 66,4% y en segundo lugar se ubica el consumo de bebidas energizantes, señalado por el 57,1% de la población.
Las diferencias por sexo también resultan relevantes. Los varones presentan prevalencias más elevadas en consumo de marihuana, bebidas energizantes y sustancias como cocaína, éxtasis, pasta base o paco, anfetaminas/metanfetaminas, alucinógenos y ketamina. Las mujeres, en cambio, muestran mayores prevalencias en el uso de vapeadores y tranquilizantes respecto de los varones.
En los últimos años se ha observado una disminución en el consumo de cigarrillos tradicionales, acompañada por la aparición y expansión de nuevas formas de consumo de nicotina, como el tabaco para armar, los dispositivos electrónicos de vapeo y las bolsitas de nicotina. Diversos factores contribuyen a su creciente aceptación: la incorporación de saborizantes, el uso de diseños atractivos y la publicidad que circula en redes sociales contribuyen a la baja percepción de riesgo por adolescentes.
En este contexto, estos dispositivos electrónicos pueden constituir una vía de inicio al consumo de nicotina. En particular, el tabaco para armar, frecuentemente comercializado como “orgánico” o “natural”, puede ser percibido erróneamente como menos perjudicial, a pesar de implicar riesgos para la salud. Asimismo, las bolsitas de nicotina suelen presentarse en puntos de venta junto a golosinas y en variedad de sabores, lo que puede favorecer su atractivo en la población joven.
Es importante destacar que todas estas formas de consumo contienen nicotina, una sustancia estimulante con alto potencial adictivo. Por ello, resulta fundamental promover el conocimiento sobre sus riesgos y fortalecer estrategias de prevención, especialmente en niños, niñas y adolescentes.
Existen otros tipos de consumo además de los mencionados y de la marihuana, y son aquellos donde no intermedian las sustancias, como los juegos en red, las apuestas on line, el uso abusivo de de Tics (tecnologías de información y comunicación) y las nuevas tecnologías (ej la IA)
Rige el policonsumo en la nocturnidad, acompañado por el consumo de energizantes y/o alcohol.
No todo consumo de sustancias se considera problemático en los adolescentes, pero en todo consumo se debe brindar información y trabajar para favorecer el pensamiento crítico para disminuir la reiteración del consumo y el riesgo que conlleva.
A mayor disponibilidad y acceso de las sustancias, mayor consumo, en los adolescentes se da el “efecto góndola”, consumen lo que se les ofrece, muchas veces en lugar de lo que desean.
No olvidemos que el consumo de sustancias no es un problema individual, tiene múltiples factores socioculturales: el consumismo, el estrés, la soledad, el aislamiento, la violencia, la desigualdad social, la baja tolerancia a la frustración, la búsqueda del placer provocan que las usen como mediadoras de esta tensión. Existen variables individuales, familiares (consumo de los padres, disponibilidad de bebidas, reglas poco claras), sociales (presión del grupo de pertenencia, publicidad) y cultural (creencias, representaciones, rituales costumbres).
¿Para qué consumen?:
Para tramitar sus emociones, para pertenecer, por aburrimiento, para relajarse, para gestionar el tiempo libre, para experimentar (propio de esta etapa), para automedicarse (para clamar la tristeza, la ansiedad, el insomnio).
Para ilustrar la forma en que los jóvenes son arrastrados al consumo, basta pensar en la “previa” adolescente, patrón fundamental, se ha transformado en un requisito sin el cual no hay plan posible, pudiendo incluso sustituirlo, de hecho allí se registran los mayores índices de consumo de alcohol.
Una pregunta se impone: ¿ previa, con relación a qué?
¿Por qué se tornó un imperativo necesario?
Los chicos aducen que hay que ir al boliche “entonados” para enfrentarse y encarar al otro sexo sin inhibiciones.
El imperativo que subyace es: hay que intoxicarse para pasarla mejor. Un ideal: deber gozar sin regulación.
Se identifican en la transgresión. Y esta identificación los diferencia de los adultos y les da inserción grupal.
Se dice que ha declinado la ley del padre, esto es, las normas que se establecen en las casas, en las familias, en los padres. También hay una declinación de algunos ideales, esto se identifica como una era de post deber, donde los antiguos ideales del deber y del esfuerzo, han sido reemplazados por el gozar y ser muy feliz con poco esfuerzo. Se diría entonces que el superyó contemporáneo comanda esto que es un gozar sin regulación, un presente sin espera y un superyó que es la representación inconsciente de los padres y lo social más ligado a un sujeto narcisista.
El alcohol juega un papel central en la construcción de la identidad adulta tanto en varones como en mujeres, se asocia el beber con ser adulto, en ese proceso está presente la identidad de género, los jóvenes varones creen poder construir y representar su masculinidad a partir del consumo de alcohol y también de tabaco, sufren y comparten una mayor presión para demostrar que pueden beber, y beber más, sintiendo la mirada de sus pares. Si al final pierden el control no se encuentran con la censura social del grupo, al contrario, esta pérdida de control se asume como parte del riesgo, y en mayor o menor medida los y las demás respaldan a quien lo pierde, cuidándolo, llevándolo al hospital, comentando su hazaña a posteriori.
Las drogas están presentes en la sociedad, para prevenir su consumo hay que favorecer el pensamiento crítico para aprender a decidir, conocer ayuda a elegir qué hacer, es por eso que es necesario ofrecer información clara, y real sobre las mismas. Y hay que estar disponibles para escuchar.
El gran desafío es trabajar en prevenir desde el mundo adulto el exceso y el abuso en la construcción de las identidades. Y siempre ver la novedades que suceden en el rango de lo social, nuevas modas.
Los controles médicos anuales ofrecen una excelente oportunidad para que el profesional abra el juego, preguntando qué sabe el/la adolescente sobre las sustancias, este diálogo se lleva a cabo en un espacio privado, confidencial, escuchando sin juzgar. ¿Qué sabe? Cuáles son las creencias respecto al consumo y a las sustancias?
Importante: la escucha atenta y sin prejuicios. Y el diálogo
Grupo de trabajo en Consumos Problemáticos