Berrinches: comprender para acompañar
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Los berrinches o “rabietas” son una parte normal del desarrollo infantil. Suelen aparecer con mayor frecuencia entre el primer y cuarto año de vida, una etapa en la que niñas y niños están aprendiendo a expresar emociones intensas como enojo, frustración o cansancio, pero todavía no cuentan con las palabras ni las herramientas para hacerlo de otra manera.
Durante un berrinche pueden llorar, gritar, tirarse al suelo o negarse a colaborar. Aunque estas situaciones pueden ser desafiantes, es importante recordar que no lo hacen para manipular ni para “portarse mal”, sino porque están desbordados emocionalmente.
¿Por qué aparecen?
Los berrinches suelen surgir cuando el niño o la niña:
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Se siente frustrado/a porque algo no sale como quiere
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No puede expresar con palabras lo que siente
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Está cansado/a, con hambre o incómodo/a
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Se enfrenta a límites que aún le cuesta aceptar
En esta etapa, la tolerancia a la frustración es baja y el autocontrol está en desarrollo. Por eso, el berrinche es, en realidad, una forma de comunicación.
¿Qué nos están diciendo?
Detrás de cada berrinche hay un mensaje:
“No puedo con lo que siento”
“Necesito ayuda para calmarme”
“No sé cómo expresar esto”.
Entender esto permite cambiar la mirada: no es un problema de conducta, es una oportunidad de acompañar el desarrollo emocional.
¿Cómo acompañar un berrinche?
Mantener la calma: Los adultos somos el modelo. Responder con enojo solo aumenta la intensidad del momento.
Acompañar y contener: estar cerca, ofrecer un abrazo o palabras simples como “estoy acá para ayudarte” puede ser suficiente.
Poner límites con firmeza y sin violencia: no ceder ante lo que generó el berrinche, pero sí acompañar la emoción.
Dar tiempo: a veces necesitan espacio para calmarse, sabiendo que el adulto está disponible.
Después del berrinche, enseñar: cuando el niño ya está tranquilo, se puede hablar y ayudarlo a poner en palabras lo que sintió.
Un mensaje para las familias
Los berrinches pueden generar cansancio, enojo o dudas. Es importante recordar:
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Son esperables y forman parte del crecimiento
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No definen la calidad de la crianza
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No indican que el niño o la niña “sea problemático/a”
Acompañar con paciencia, afecto y límites claros ayuda a que, con el tiempo, los niños desarrollen herramientas para reconocer, expresar y regular sus emociones.
No están solos: criar también es aprender.
Equipo de crianza respetuosa y positiva