Adicción a videojuegos. Gaming disorder
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Para los niños y adolescentes, los videojuegos son una forma muy común de divertirse. Jugando sienten que toman sus propias decisiones, arman estrategias y exploran mundos de manera independiente. Sin embargo, hay una línea muy fina entre el entretenimiento saludable y el uso problemático.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya reconoce la adicción a los videojuegos como un problema de salud que se puede prevenir y tratar. No hace falta consumir una sustancia para desarrollar una adicción; existen conductas cotidianas que, si se salen de control, interfieren gravemente en el día a día. Esto es lo que se conoce como una adicción al comportamiento.
4 señales de alerta para los padres
¿Cómo saber si el uso de pantallas dejó de ser un juego? Debemos prestar atención si nuestros hijos presentan:
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Falta de control: No pueden parar de jugar, no respetan el tiempo acordado y quieren estar conectados a toda hora y en cualquier lugar.
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Obsesión y prioridad absoluta: Su vida empieza a girar únicamente en torno al juego. Dejan de lado actividades básicas y vitales como dormir bien, comer a horario, bañarse o compartir tiempo con la familia.
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Problemas en su día a día: El juego constante empieza a dañar sus notas en la escuela, sus relaciones con amigos y la convivencia familiar.
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Siguen jugando a pesar del daño: Aunque el juego les cause estrés, tics, ataques de agresividad, irritabilidad, aislamiento o bajo rendimiento escolar, no pueden dejarlo y el impulso por jugar aumenta.
¿Por qué enganchan tanto los videojuegos?
Los chicos de hoy son "nativos digitales" y están acostumbrados a recibir estímulos todo el tiempo. Su cerebro busca la satisfacción inmediata.
Al jugar, cada acción, logro o estrategia exitosa activa un circuito en el cerebro que libera una sustancia llamada dopamina, vinculada al placer y la recompensa. El circuito funciona así: deseo el juego, juego (acción) y gano (recompensa). Como este proceso es tan rápido e intenso, el cerebro pide repetir la experiencia una y otra vez. Ninguna actividad del mundo real ofrece estímulos a esa velocidad, y por eso la prefieren.
Guía práctica: ¿cómo acompañarlos y poner límites?
Conocer este problema nos permite actuar a tiempo. Muchas veces, detrás de una adicción a las pantallas se esconden otros conflictos o angustias que el niño no sabe cómo expresar. Aquí algunas recomendaciones para el hogar:
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Involucrarse y conocer su mundo: No los dejemos solos. Es importante saber a qué juegan, con quiénes interactúan en línea, cómo lo hacen y qué contenidos están viendo.
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Crear zonas libres de tecnología: Propiciar momentos familiares sin pantallas (como el almuerzo o la cena) para charlar, mirarse a los ojos y conectar. Las reglas de uso se deben conversar y consensuar en familia.
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Buscar el equilibrio: Asegurarse de que el tiempo de juego no robe horas de sueño necesarias, tareas escolares, ni momentos de actividad física.
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Cuidar su seguridad en internet: Cuando jueguen en línea, ayudemoslos a configurar sus usuarios con buenas opciones de privacidad y contraseñas seguras. Es recomendable restringir la mensajería abierta con desconocidos y hablarles claramente sobre los riesgos de la publicidad engañosa, los contenidos violentos y el ciberacoso.
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Ofrecer alternativas atractivas: Animemos a los chicos a hacer deportes, jugar al aire libre y encontrarse con amigos de su edad cara a cara.
La consulta a tiempo hace la diferencia
Como adultos responsables, debemos estar atentos a los cambios bruscos de humor o de comportamiento. Si notamos que para nuestro hijo es imposible dejar de jugar y esto afecta su vida diaria, no dudemos en consultar al pediatra. El profesional sabrá orientarnos para aprovechar lo bueno de la tecnología y proteger la salud de los chicos.
Autores:
Dra. Pedrouzo, Silvina Beatriz. Secretaria de la Subcomisión de TICs. Dra. Krynski, Laura. Presidente de la Subcomisión de TICs.
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